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Artículo: La joven de la perla: la historia real de la obra maestra de Vermeer

La joven de la perla: la historia real de la obra maestra de Vermeer

La joven de la perla de Johannes Vermeer, hacia 1665, Mauritshuis, La Haya
La joven de la perla, Johannes Vermeer, hacia 1665. También disponible como póster del retrato completo.

Mira por encima del hombro. Tiene los labios ligeramente entreabiertos. Se cruza con nuestra mirada y, por un instante, sentimos que acabamos de interrumpirla. Todo el mundo conoce este rostro. Aparece en bolsas de tela, tazas, portadas de libros y, por supuesto, en las paredes de casas de todo el mundo.

Pero ¿quién es? Johannes Vermeer pintó La joven de la perla, también conocida como La chica de la perla, hacia 1665, y desde entonces se ha convertido en uno de los rostros más famosos de la historia del arte, a menudo llamada la Mona Lisa del Norte. Sin embargo, sabemos sorprendentemente poco de ella. Vermeer no dejó cartas ni diarios, y ningún documento de su época menciona este cuadro.

Esta es la historia real del cuadro, hasta donde se puede contar: cómo se pintó, cómo estuvo a punto de desaparecer, qué han descubierto los científicos en su interior y por qué nos sigue cautivando casi cuatro siglos después.

La joven de la perla en pocas palabras

  • Artista: Johannes Vermeer (1632–1675), Delft, Siglo de Oro neerlandés
  • Fecha: hacia 1665
  • Técnica y medidas: óleo sobre lienzo, 44,5 × 39 cm
  • Género: una tronie, un estudio de rostro, no el retrato de una persona conocida
  • Dónde verla: en el Mauritshuis de La Haya, Países Bajos, desde 1902
Detalle de La alcahueta, considerado un autorretrato de Johannes Vermeer
Detalle de La alcahueta, considerado un autorretrato de Johannes Vermeer.

¿Quién pintó La joven de la perla? Johannes Vermeer de Delft

Antes de hablar de la joven, hablemos del hombre que la pintó. Johannes Vermeer pasó toda su vida en Delft, en los Países Bajos. Trabajó en pleno Siglo de Oro neerlandés: el comercio florecía, la burguesía se enriquecía y los cuadros se vendían en todas partes, desde los puestos del mercado hasta las casas de los comerciantes.

Vermeer era respetado en su ciudad, pero no era ninguna estrella. Pintaba despacio, quizá dos o tres cuadros al año, y hoy solo se le atribuyen con seguridad unas 35 obras.

El dinero siempre escaseaba. Con su mujer, Catharina, tuvo quince hijos, once de los cuales seguían vivos cuando murió en 1675, a los 43 años, cargado de deudas. Su viuda tuvo que entregar dos de sus cuadros al panadero Hendrick van Buyten para saldar una cuenta de pan de más de 600 florines.

Tras su muerte, Vermeer cayó en gran parte en el olvido. Algunos de sus cuadros llegaron a venderse con el nombre de pintores más conocidos, como Pieter de Hooch. Hasta la década de 1860 no lo redescubrió el crítico francés Théophile Thoré-Bürger, que lo apodó la "Esfinge de Delft", porque se sabía muy poco de su vida. En cuanto la gente empezó a mirar sus obras de cerca, comprendió que nadie trataba la luz como Vermeer.

¿Quién es la joven? No es un retrato, sino una tronie

La pregunta que todo el mundo se hace es: ¿quién fue la modelo? Algunos dicen que la hija mayor de Vermeer, Maria. Otros imaginan a una criada. La verdad es más sencilla, y más interesante: el cuadro no es un retrato.

En el mercado del arte holandés del siglo XVII existía un género llamado tronie, una antigua palabra neerlandesa que significa "rostro". Una tronie no representaba a una persona concreta e identificable. Era un estudio de personaje, una forma de que el pintor luciera su talento con una expresión llamativa, una luz poco habitual o un traje exótico. Quien compraba una tronie no pagaba por el retrato de un vecino: compraba una atmósfera.

Eso explica el atuendo. Un turbante azul y amarillo no era precisamente ropa de diario para una mujer holandesa de 1665. Vermeer vistió a su modelo con accesorios del taller para crear una figura idealizada y algo misteriosa. Quizá fuera alguien de su entorno, pero la joven del cuadro es fruto de la imaginación, y su nombre nunca se ha encontrado.

La perla de La joven de la perla de Vermeer, pintada con unos pocos toques de blanco de plomo
La perla, unos pocos toques de blanco de plomo: el póster detalle La perla.

Una perla que probablemente no lo es

Hablemos de la protagonista. La perla atrapa la luz, cuelga pesada de su oreja y sostiene toda la composición.

Solo hay un problema: casi con toda seguridad no es una perla de verdad. Una perla natural de ese tamaño habría valido una fortuna, muy por encima de los medios de un pintor que debía dinero a su panadero. Los historiadores del arte creen que Vermeer pintó una gota de vidrio barnizada para imitar una perla, o quizá una pieza de estaño pulido.

Si se mira de cerca, la ilusión es aún más evidente. Ningún gancho une el pendiente a la oreja. La perla está hecha con unos pocos toques de blanco de plomo: un brillo intenso arriba a la izquierda, que recoge la luz de la ventana, y un reflejo más suave abajo, que devuelve la luz de su cuello blanco. Nuestro cerebro hace el resto. Un truco de magia brillante.

El turbante azul ultramar de La joven de la perla de Vermeer
El ultramar del turbante: el póster detalle El turbante.

Obsesión por el azul: el precio del ultramar

El turbante azul es una de las partes más llamativas del cuadro, y ese azul tiene una historia extraordinaria.

Vermeer usaba ultramar natural, un pigmento que a veces costaba más que el oro. Procedía de una única fuente: las minas de lapislázuli de Badajshán, en el actual Afganistán. La piedra recorría miles de kilómetros en caravana y en barco, a menudo pasando por Venecia, antes de llegar a los Países Bajos, donde se molía hasta convertirla en polvo y se mezclaba con aceite.

La mayoría de los pintores lo usaban con moderación y lo reservaban para el manto de la Virgen. Vermeer lo ponía en todas partes: en las sombras, en las paredes blancas, en los manteles. Aquí lo gastó en un turbante imaginario.

Esa afición por los pigmentos caros quizá explique en parte por qué Vermeer siempre andaba escaso de dinero. Viendo el cuadro hoy, fue una buena inversión: el azul sigue saltando del lienzo.

Imagen compuesta que muestra la cortina verde pintada originalmente detrás de La joven de la perla

Imagen compuesta de La joven de la perla con su cortina verde original. © Sylvain Fleur. Lea la historia completa del proyecto Girl in the Spotlight aquí (en inglés).

La cortina verde desaparecida

Hoy la joven destaca sobre un fondo casi negro. Ese contraste le da volumen y un aire extrañamente moderno, casi como una foto con flash.

No era lo que Vermeer pretendía. En 2018, el Mauritshuis llevó a cabo un proyecto de investigación llamado Girl in the Spotlight y examinó el cuadro con escáneres, microscopios y rayos X en un taller acristalado, a la vista de los visitantes. Los investigadores descubrieron que el fondo era originalmente una cortina verde, pintada con índigo y un tinte amarillo de origen vegetal. Con los siglos, esos pigmentos se degradaron y los pliegues de la cortina se hundieron en la oscuridad.

La misma investigación reveló otro detalle perdido: unas pestañas diminutas alrededor de los ojos, que hoy ya no se ven. El tiempo ha cambiado en silencio la atmósfera del cuadro. Nos encanta el fondo oscuro, pero resulta fascinante saber que un día posó delante de una cortina.

La ganga del siglo: cómo estuvo a punto de perderse

¿Qué pasó con el cuadro tras la muerte de Vermeer? Durante unos doscientos años, prácticamente desapareció. Cambió de manos en ventas sin importancia, se ensució y su barniz amarilleó.

En 1881 reapareció en una subasta en La Haya, en mal estado. Casi nadie se fijó en él. Pero dos coleccionistas, Victor de Stuers y Arnoldus Andries des Tombe, vieron más allá de la suciedad y reconocieron un Vermeer. Acordaron no pujar el uno contra el otro para mantener bajo el precio. Des Tombe se lo llevó por dos florines, más treinta céntimos de comisión.

Al cambio actual, unos treinta euros: sin duda una de las mayores gangas de la historia del arte.

La joven de la perla expuesta en el museo Mauritshuis de La Haya
La joven de la perla de Johannes Vermeer en el museo Mauritshuis. Foto: Lex van Lieshout

¿Dónde está hoy La joven de la perla? En el Mauritshuis

Des Tombe mandó limpiar el cuadro, y la joven reapareció bajo siglos de suciedad. Lo tuvo en su casa durante años. Como no tenía herederos, al morir en 1902 lo legó al Mauritshuis de La Haya, donde cuelga desde entonces.

El Mauritshuis es un museo pequeño e íntimo, más parecido a una gran casa antigua que al Louvre, y también conserva la Vista de Delft de Vermeer. El cuadro no está en venta ni tiene precio de mercado: pertenece a la colección del museo, que hoy casi nunca lo presta. Si algún día viaja a los Países Bajos, vaya a verla en persona. Puede saber más en la página oficial del museo Mauritshuis (en inglés).

Primer plano del ojo de La joven de la perla de Vermeer
Su ojo, en primer plano: el póster detalle El iris.

La restauración de 1994

En 1994, el museo decidió que había llegado el momento de volver a limpiar el cuadro. A lo largo del siglo XX el barniz había vuelto a amarillear, y la joven tenía un tono ligeramente cetrino.

Los restauradores retiraron el barniz antiguo milímetro a milímetro. Volvieron los tonos fríos: el cuello blanco recuperó su nitidez y el turbante, su azul.

También resolvieron un pequeño enigma. Una diminuta mancha blanca junto a la perla se había tomado durante mucho tiempo por un segundo reflejo. Al microscopio resultó ser una escama de pintura desprendida y vuelta a pegar en el lugar equivocado durante una restauración anterior. La retiraron. Si quiere ver las pinceladas y la red de finas grietas de su rostro, Google Arts & Culture ofrece un excelente zoom interactivo.

Scarlett Johansson en la película La joven de la perla (2003)
Scarlett Johansson en La joven de la perla (2003).

La novela, la película y los memes

Durante mucho tiempo, el cuadro fue famoso sobre todo entre los aficionados al arte. Luego llegaron los años noventa.

La escritora estadounidense Tracy Chevalier tenía un póster del cuadro desde los 19 años. Se preguntó qué historia había detrás de esa mirada y, al no encontrar respuesta en los libros de historia, se inventó una. Su novela La joven de la perla (1999) convierte a la joven en Griet, una criada de la casa de Vermeer, y cuenta una atracción silenciosa, nunca confesada, entre la sirvienta y el pintor. Se convirtió en un éxito de ventas mundial.

En 2003 llegó al cine, con Scarlett Johansson como Griet y Colin Firth como Vermeer. La película recibió tres nominaciones al Óscar y llevó el cuadro a la cultura popular. Conviene recordar, eso sí, que Griet es ficción: nada en los documentos históricos respalda esa historia.

Hoy la joven está por todas partes en internet, reinventada en memes, arte urbano y publicidad. Hace tiempo que salió de la pared del museo para convertirse en una imagen universal.

Los labios entreabiertos de La joven de la perla de Vermeer
Sus labios entreabiertos: el póster detalle Los labios.

¿Por qué es tan famosa La joven de la perla?

Existen millones de cuadros antiguos. ¿Por qué este se convirtió en un icono?

Creemos que todo se reduce a la intimidad. Gran parte del arte clásico resulta lejano: reyes a caballo, escenas religiosas, aristócratas rígidos con cuellos de encaje. Los miramos y sentimos los siglos que nos separan.

La joven de la perla, en cambio, es inmediata. El giro de su cabeza sugiere movimiento, como si acabara de darse cuenta de nuestra presencia. Tiene la boca entreabierta, como si fuera a hablar. Sin decorado, sin historia, sin nada que nos distraiga: solo su rostro y su mirada, que se encuentra con la nuestra.

Vermeer suavizó además los contornos de su cara, de modo que la piel se funde suavemente con el fondo oscuro. Ese efecto óptico la hace parecer viva y presente. Quedamos atrapados con ella en un breve instante que nunca termina.

Preguntas frecuentes

¿Quién pintó La joven de la perla?

El pintor neerlandés Johannes Vermeer (1632–1675), hacia 1665, en Delft.

¿La joven de la perla está basada en una historia real?

No. El cuadro es una tronie, una figura imaginaria más que un retrato, y se desconoce la identidad de la modelo. La historia de amor entre una criada llamada Griet y Vermeer procede de la novela de Tracy Chevalier (1999) y de la película de 2003.

¿Se consideró escandalosa La joven de la perla?

No hay pruebas históricas de ello. Los labios entreabiertos y la mirada directa pueden resultar sensuales a ojos actuales, y la novela y la película construyeron a su alrededor una historia de deseo, pero nada indica que el cuadro escandalizara a nadie en tiempos de Vermeer.

¿Dónde está el cuadro original?

En el Mauritshuis de La Haya, en los Países Bajos, desde 1902.

¿Cuánto mide La joven de la perla?

Es pequeña: 44,5 × 39 cm, menos de lo que mucha gente imagina.

La obra maestra en su casa

Creemos que el gran arte no debería quedarse encerrado en los libros de texto. Su sitio está en la vida cotidiana.

Seguramente no tiene a mano dos florines y treinta céntimos ni una subasta secreta del siglo XIX. Por suerte, no los necesita. Nuestra colección de pósters de La joven de la perla reúne el retrato completo y primeros planos de sus detalles más llamativos: su mirada, su rostro, la perla, los labios y el turbante ultramar, impresos para resaltar los azules profundos y los contrastes del original, en formatos para un salón, un despacho o un dormitorio.

El misterio de la joven nunca se resolverá. Nunca sabremos su nombre ni lo que pensaba cuando Vermeer la pintó. Y, sinceramente, lo preferimos así.

Es precisamente lo desconocido lo que nos hace volver a ella.

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